
Sobrecostos hormiga: el origen de estándares de costo altos
Nadie se sienta en una mesa a decidir “subamos el costo estándar”. Nadie firma un acta para ser menos competitivos. Y aun así, pasa: el estándar sube, el margen se aprieta, y el negocio pierde competitividad. La causa rara vez es un gran evento. Casi siempre es algo peor: pequeñas pérdidas diarias que se vuelven normales.
Lo que parece operativo termina golpeando el P&L
Micro-paradas de “dos minuticos”.
Velocidad baja “para ir seguros”.
Reprocesos “porque esa materia prima viene así”.
Horas extra “porque hay que cumplir”.
Cada una, por separado, suena manejable. Incluso justificable. Pero cuando se repiten turno tras turno, semana tras semana, hacen algo muy concreto: construyen un costo unitario más alto. Y lo más peligroso no es que existan. Es que dejan de doler.
El estándar de costo no se “daña”: se fabrica
El estándar de costo alto no aparece de la nada. Se fabrica en el día a día, con tres ingredientes:
Tiempo que se va sin registro
Paradas pequeñas, ajustes, esperas, búsquedas, “ya vengo”.
Minutos que no se ven en un reporte, pero sí en el costo por unidad.
Rendimiento que se negocia
Cuando una línea opera por debajo de su velocidad objetivo, la planta produce menos con los mismos recursos: mano de obra, energía, depreciación, supervisión.
El resultado es inevitable: cada unidad carga más costo encima.
Calidad que se paga tarde
El reproceso es el impuesto más caro: consume tiempo, capacidad, materiales y genera retrabajos invisibles.
Y cuando llega tarde, además, dispara urgencias y horas extra.
¿La combinación típica? Se pierde tiempo y velocidad, se acumula reproceso, y al final se compra el cumplimiento con horas extra.
La trampa del “promedio por turno”
Aquí hay un mecanismo silencioso que alimenta todo lo anterior: promediar la capacidad dentro del turno. Cuando solo miramos el resultado final del turno (cumplió / no cumplió), perdemos la película. Y en la película casi siempre pasa esto:
La línea puede rodar más rápido en ciertos tramos, pero no lo registramos.
Se baja la velocidad para “mantenerse tranquilo” y compensar pequeñas interrupciones.
Al final, el número del turno se salva… y con eso basta.
El operario no está pensando en “aprovechar ventanas de mayor velocidad”. Está pensando en “cumplir la meta del turno”. Y si la meta se cumple, el sistema manda el mensaje: todo está bien. Pero no está bien. Solo está oculto en el promedio.
El promedio es cómodo. Porque esconde picos de desempeño que podrían ser estándar… y esconde caídas que hoy estamos financiando.
La mentira más costosa: “cumplimos el plan”
Muchas plantas sí cumplen… pero lo hacen pagando un recargo operativo para llegar.
Cumplir con horas extra no es “capacidad”.
Cumplir con reproceso no es “eficiencia”.
Cumplir con velocidad baja no es “estabilidad”.
Es cumplimiento con recargo.
¿Y qué tiene que ver esto con los estándares de costo? Todo.
Porque cuando los sobrecostos hormiga se repiten, contabilidad no puede ignorarlos para siempre. En algún punto, el estándar “se ajusta” a la realidad del gasto.
Y ahí se cierra el círculo vicioso:
La operación pierde en pequeño (micro-paradas, baja velocidad, reprocesos).
Se compensa en grande (horas extra, urgencias, desperdicio).
El costo real sube.
El estándar se corrige hacia arriba.
Y la organización aprende el mensaje equivocado: “así cuesta producir aquí”.
Eso es lo que mata competitividad sin hacer ruido.
El primer paso es de gestión… y la tecnología lo vuelve sostenible
Antes de hablar de sistemas, tableros o IA, hay una decisión más simple (y más incómoda):
dejar de normalizar pérdidas pequeñas… y dejar de esconderlas en el promedio del turno.
Ahora bien: esa decisión, sin herramientas, se vuelve frágil. Depende de memoria, supervisión y “heroísmo”. Ahí es donde la tecnología ayuda de verdad: hace visibles las micro-pérdidas en tiempo real, separa el promedio del detalle (minuto a minuto) y convierte la conversación en hechos, no percepciones.
Porque si no las ves, las pagas. Y cuando las ves con claridad —parada por parada, velocidad por velocidad, reproceso por reproceso— puedes gestionarlas. Si las pagas todos los días, tarde o temprano terminan escritas en tu estándar.
📌 Pregunta para reflexionar
¿Qué pérdida estás promediando hoy —y celebrando porque “se cumplió el turno”— que mañana terminará convertida en costo estándar?
Nos leemos en una semana.
Hernán David.
Preguntas frecuentes sobre sobre los costos estándar
¿Qué son los “sobrecostos hormiga” en una planta de producción?
Respuesta: Son pequeñas ineficiencias repetitivas del día a día —micro-paradas, baja velocidad, reprocesos y horas extra— que individualmente parecen menores, pero acumuladas elevan el costo unitario y terminan inflando el estándar de costo.
¿Cómo las micro-paradas y la baja velocidad aumentan el costo por unidad?
Respuesta: Porque con los mismos recursos (mano de obra, energía, depreciación y supervisión) se producen menos unidades. Al caer el throughput, cada unidad “carga” una porción mayor de costos fijos y operativos, encareciendo el producto y reduciendo margen.
¿Por qué promediar el desempeño por turno puede ocultar oportunidades de productividad?
Respuesta: Porque el promedio esconde variaciones dentro del turno: momentos donde la línea podría rodar más rápido y momentos de pérdidas. Si el foco es solo “cumplir la meta del turno”, se pierde visibilidad de ventanas para acelerar y se normalizan las caídas, dejando dinero en la mesa.
¿De qué manera el reproceso impacta la competitividad y el estándar de costo?
Respuesta: El reproceso consume capacidad, tiempo y materiales adicionales, y suele disparar urgencias (horas extra, cambios de secuencia, retrabajos). Cuando se vuelve habitual, eleva el costo real de fabricación y finalmente queda reflejado en estándares de costo más altos.
¿Por qué un estándar de costo alto suele originarse en la operación y no en contabilidad?
Respuesta: Porque el estándar termina ajustándose al gasto real. Si las micro-pérdidas se repiten y se compensan con horas extra y retrabajos, el costo real sube; tarde o temprano, el estándar se “actualiza” para reflejar esa realidad. Es decir: el estándar alto se fabrica en el piso de planta cuando las pérdidas se normalizan y se esconden en promedios.


